ESCRITOS EN EL VIENTO
Jesús Pérez López
Dedicado a los mineros de Riotinto,
especialmente a los que forjaron mi familia
A la columna iban a unirse un grupo de guardias civiles dirigidos por el comandante Gregorio Haro Lumbreras. Estos se adelantaron y llegaron a Sevilla antes que los mineros, ejecutando su traición y poniéndose bajo las órdenes de Queipo. La columna fue emboscada en la Pañoleta por esos mismos que habían prometido lealtad, por esos que jamás tuvieron palabra ni honor. Allí, una de las balas impactó contra un camión cargado de pólvora, provocando una enorme explosión que puso fin a la resistencia a las once de la mañana del 19 de julio. Méndez, junto a otros setenta héroes, fueron detenidos y llevados al barco prisión Cabo Carvoeiro.
Cada día era más insoportable que el anterior, la humedad incandescente, el cúmulo de cuerpos sudorosos, apelotonados y enjaulados, y sin una escapatoria frente a aquella agonía. Méndez, el más joven, soportaba aquella situación intentando ver el mundo exterior a través de una pequeña rendija, tratando de no pensar en las sombras de aquel barco, en el hambre de aquel infierno y en el frío de un hogar tan lejano. Cada día el único aporte de aire renovado se producía cuando abrían la puerta para llamar a alguien para el interrogatorio. La desesperanza estaba extendida. Nunca saldrían vivos de aquel infierno, estarían encerrados allí hasta que el metal se fundiese cubriendo todos sus huesos.
Niño Méndez sálvate tú, le decían. No puedo dejaros, respondía. Eres el único que puede salvarse diciéndoles que eres menor de edad. Al cabo de los días el niño accedió y lo logró. Los interrogatorios se prolongaban. La vida era una pesada carga en aquel agujero, un lugar más insoportable que las minas más profundas donde estos hombres trabajaban. Así llegó el final. El 29 de agosto de 1936 se celebró el consejo de Guerra: Todos los mineros fueron condenados a pena de muerte, excepto Méndez, que fue condenado a cadena perpetua. Las lágrimas fueron contenidas y no quisieron pronunciar despedidas. El día 31 de agosto de 1936 los condenados fueron fusilados diseminadamente por los barrios conflictivos de Sevilla. Méndez pudo sentir una cuchillada gélida por cada uno de sus compañeros asesinados. No derramó ni una sola lágrima, no agachó su cabeza ni la agacharía nunca, pero jamás olvidó sus rostros, jamás olvidó sus vidas, jamás borró de sus labios cada uno de sus nombres y cada noche los escribía en un trozo de papel o en el mismísimo viento para que jamás fuesen olvidados:
«Francisco Salgado Mariano, Domingo Pavón Fernández, Domingo Pachón, José Palma Pedrero, Cayetano Muñoz Maestre, Policarpo Rondríguez Requejo, Ricardo Caballero Calleja…»
PUES, LO DEL 34, CORAZONES…
Montserrat Garnacho Escayo
Y bueno. Y en cierta ocasión, estábamos en casa comiendo por estas fechas y salió también el tema, como ahora. Ya se había muerto Franco, claro, que si no, no dice nada. Tenía miedo. No quería que nos metiéramos en política ni en líos. Y además, por mi madre, que a ella no le gustaban esas conversaciones. Pero ese día, qué sé yo, le dio por soltarse. Y se me ocurrió preguntarle, papá, ¿tú te acuerdas de lo que estabas haciendo el 5 de Octubre del 34?
…Y la familia de mi madre era de un pueblo de Palencia, ya sabéis. De Villada. Y mi abuelo era conductor de diligencias y al ponerles el tren se quedó en paro y fue cuando tuvieron que venirse a Asturias a las minas. Y mi abuela es que allí en el pueblo era muy de misa y pésame, señor y todo eso. Carne de yugo. Lo típico. Y aquí, cuando vinieron, pues lo mismo. Lo que le dijeran los curas del convento. Qué queríais. Y mi madre, igual…
Y en fin, que le pregunté por lo del 34 y nos dijo que sí que se acordaba. Que la noche del 4 al 5 de octubre de 1934 él estaba pisando islán en una balsa que había donde la estación, detrás del palacio de los Figaredo. Los abuelos de este Rato y éstos Figaredo de ahora. Y a las doce de la noche vieron pasar a mucha gente corriendo. Y que pasó un vecino suyo y que le dijo él, ¿dónde vais, Ramón? Y le dice el otro, a los economatos… ¿no sabes que hoy hay revolución? ¡Corre, Pepín! Y entonces, que salieron todos los críos disparados de la balsa y echaron a correr tras ellos. Y que él se llenó los bolsillos de garbanzos y que llegó corriendo a casa y que le dijo a su madre: Mira, madre, garbanzos… ¿No sabes que hoy hay revolución?
…Y según nos estaba contando, va tu abuela y se queda mirando así para él, como si acabara de descubrir que tenía al Demonio sentado en la cocina y le dice ella, con horror:
– ¡Pepe, Pepe!
Y entonces a él se le volvieron a caer encima todos los siglos de yunta que llevamos amarrados al pescuezo y bajó otra vez la cabeza, avergonzado…
Y, resumiendo contexto, eso fue, lo del 34… ¡Y que no me entere yo de que a vosotros os da vergüenza, corazones!
A mi madre, Mercedes, que tiene 92 años y ahora dice que es una tontería rezar…
CASTILLETE
José Manuel Regal García
Una solución salomónica al largo conflicto llevada a cabo por la dirección, fue la venta por un precio simbólico y el ingreso de Minas de Figaredo en el I.N.I. El resultado es bien conocido, el cierre de la minería, y los perdedores, los de siempre.